lunes, 2 de febrero de 2009



El Gran Dragón emergió desde las profundidades del gran lago perdido, y en ese mismo instante, todo el mundo, desde sus mismas raices, se estremeció tan profundamente que pareció invertirse violentamente en su misma escencia. El sueño se torno vigilia, y la vigilia sueño, la vida muerte y la muerte vida. Hasta el mismo movimiento de pronto fue quietud, y Dios se encontró fluyendo a través de toda la creación, como si esta en realidad no fuese más que una parte de si mismo. ¿Dónde han quedado los límites? ¡La finitez es el principal alimento del Dragón!

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